28 de enero de 2013

William Prada, Palma sola, 2010, 7.º edición

William Prada, Palma sola, 2010, mixta sobre papel, 145 x 88 cm



William Prada

       Con un tratamiento del soporte cercano al découpage, Prada ha elaborado, en este envío, el dibujo de un paisaje en el que, como lo señala el título,  destaca “una palma sola” en medio de un vago y espectral palmar. En vez de sus típicas hojas erguidas en forma de corona, esta palmera las muestra lánguidas y caídas, teñidas escasamente con una coloración de magenta violáceo. Ambos factores figurativos, junto a un fondo parduzco neutro y a una cierta inclinación del tronco, imprimen a la planta una expresión disfórica y sufriente que la psicologizan. Toda la escena está bajo la influencia de lo que parece ser una nevada ejecutada por infinidad de puntos blancos  de pintura con diferentes dimensiones. Dado que las palmeras, aunque puedan encontrarse en latitudes templadas, son, fundamentalmente, de climas cálidos, la idea de una nevada sobre un palmar implica una suerte de inversión del orden de la naturaleza y, por ende, un estado de perturbación o muerte simbólica. Aunque no se descartan posibles asociaciones de corte ecologista, nos inclinamos a considerar la obra como una metáfora de estados emocionales o psicológicos fundamentalmente melancólicos. De este modo, la figura de la planta viene a ser un símbolo del alma humana. El goteo blanco —a veces de puntos quizá demasiado gruesos—le da una sensación textural a esta imagen monofocal. La pieza, de tono contemplativo, aprovecha las cualidades de las atmósferas invernales para sugerir introversión, silencio, suspensión de las actividades externas y meditación.



Escrito por: Alejandro Useche

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